HDL, el colesterol bueno (y necesario)



Alguna vez seguro que hemos oído hablar del colesterol bueno, normalmente enfrentado al colesterol malo. ¿Es que hay dos tipos de colesteroles? Pues no, se trata simplemente de la misma molécula, pero transportada por diferentes lipoproteínas. Es decir, lo que convierte al colesterol en malo o bueno es la proteína que lo transporta por todo nuestro organismo. En el caso del colesterol malo, suele ser transportados por las lipoproteínas de baja intensidad, también conocidas como LDL. Por su parte, el colesterol bueno se relaciona con las lipoproteínas de alta intensidad, conocidas como HDL. Éste último tipo de colesterol es beneficioso para nuestro salud, e incluso necesario para un correcto funcionamiento de nuestro organismo. 

 


Precisamente, el colesterol bueno (HDL) se encarga de desatascar nuestras arterías de las lipoproteínas de baja densidad que contienen el colesterol dañino. En última instancia, este colesterol malo es enviado por el bueno a nuestro hígado, que se encarga de eliminarlo como residuo que es. Así podemos concluir que el colesterol bueno evita, por ejemplo, la posibilidad de infartos, ya que consigue que nuestras arterías se mantengan libres. 


 

El colesterol bueno en sangre representa un protector contra las enfermedades cardiovasculares, por eso, no podemos olvidar controlar sus niveles y ante valores inferiores a 40 mg en el organismo, debemos actuar para elevarlo. Por eso, a continuación te contamos qué consumir para elevar el colesterol bueno en sangre. 

Para iniciar un cambio en nuestra alimentación que nos permita elevar el colesterol HDL o bueno en sangre, debemos saber que las grasas trans lo reducen mientras que los ácidos grasos monoinsaturados lo elevan, y el colesterol de los alimentos, así como las grasas saturadas y los ácidos grasos poliinsaturados no afectan los niveles de HDL en sangre. 

Entonces, para incrementar el colesterol bueno en sangre es recomendable ingerir a diario un puñado de frutos secos, por ejemplo: cacahuetes, nueces o almendras; incluir aceite de oliva o aceite de girasol sin someter a cocción, es decir, para aderezar porque son ricos en ácido oleico al igual que la carne de cerdo; o consumir 5 aceitunas o 1/4 de aguacate por día para obtener una cuota de grasas saludables. 

 

Además de incluir dichos alimentos, resulta fundamental reducir la ingesta de galletitas, productos de snacks, bollería industrial o frituras mal realizadas, porque pueden ser fuente de grasas trans, al igual que también debemos evitar la margarina que posee aceites vegetales parcialmente hidrogenados. 

Incluir algunos alimentos que ayudan a incrementar los niveles de HDL en sangre y reducir aquellos que disminuyen sus valores es fundamental para tener buena cantidad de colesterol bueno cardioprotector en el organismo. 

 


Por ello es fácil determinar que aumentando nuestro colesterol bueno evitaremos los atascos en las arterías producidos por el otro tipo de colesterol, el malo, y así estaremos más prevenidos frente a los ataques al corazón. De todos modos, un exceso de colesterol, por muy bueno que sea, acaba también siendo perjudicial. En nuestro organismo, todo debe estar en su justa medida, y aunque el colesterol bueno es necesario para un buen funcionamiento incluso neuronal, ya que ayuda también a estos tejidos, un exceso de este tipo de lipoproteínas de alta intensidad también puede ser dañino.