Dietas: por qué fallamos a la hora de adelgazar

Se sabe que aproximadamente la mitad de la población femenina de los países industrializados se ha embarcado al menos una vez en una dieta, con el firme propósito de disminuir su peso corporal.
Al cabo de cinco años, buena parte de esos intentos ha fracasado: el 60 % según los estudios más conservadores, aunque muchos llegan a afirmar que el 90% de las mujeres ha recuperado el peso inicial.
Cabe preguntarse entonces: ¿por qué fracasan las dietas?

"En realidad, las dietas no fracasan; toda dieta que se cumpla da algún resultado en el descenso de peso", comienza diciendo el doctor Aldo Cúneo, coordinador de la Unidad de Obesidad del Servicio de Nutrición del Hospital de Clínicas "José de San Martín".
Como explica este médico especialista en nutrición, para bajar de peso es necesario recurrir a dos estrategias en forma combinada: una modificación de los parámetros alimentarios del paciente y un aumento del nivel de actividad física.
"El problema es que en general no se las usa en forma combinada, se las hace por muy poco tiempo, o cuando se logra el descenso de peso deseado se deja a un lado la dieta, la actividad física o ambas -agrega-. Y cuando la gente no logra adherir a esas dos premisas empieza a buscar milagros".
Nada más peligroso que una dieta milagrosa.
"La carencia de algún macronutriente, vitaminas y minerales a que pueden dar lugar estas dietas puede causar distintos desequilibrios en el organismo" -sostiene la licenciada Cristina Banzas, del Grupo Educador en Salud y Nutrición (GESA)-.
Desafortunadamente, es común que las mujeres se dejen llevar por las dietas mágicas, porque incorporar un hábito sano de alimentación es siempre más complicado que adoptar ideas de una revista que dice cómo bajar de peso."

EL PORQUÉ DEL FRACASO

El fracaso de un tratamiento o dieta para bajar de peso debe ser pensado desde distintos lugares, afirma Espósito."Desde el lugar del profesional, cuando éste promete curas con tratamientos a corto plazo (curas milagrosas), cuando no valoriza la obesidad como enfermedad o cuando no puede sostener la frustración muchas veces asociada con una enfermedad crónica", agrega.
En cuanto a la persona que busca adelgazar, hay que tomar en cuenta "cuando se tienen expectativas exageradas, cuando la autoestima baja lleva a pensar que se es incapaz de lograrlo o cuando no se aceptan las características de cronicidad de la obesidad".
De tenerse en cuenta ambos factores, afirma la licenciada Espósito, el tratamiento para bajar de peso debería contemplar tres puntos básicos. El primerno esindividualizar a cada persona, "lo que significa no sólo hacer dieta personalizada, sino también que el médico identifique características psicológicas (falta de autoestima, sentimiento de insuficiencia, miedo a crecer) que indiquen que la dieta y el deseo de adelgazar pueden ser el gatillo para desarrollar un desorden alimentario".
Otro de los puntos es incorporar cambios de conducta, en el estilo de vida y (dentro de la dieta) la posibilidad de seleccionar distintos alimentos.
En tercer lugar, es indispensable que la dieta sea "balanceada y no muy restrictiva, ya que la restricción puede empeorar la obesidad, recreando patrones de conducta bulímica".

A LARGO PLAZO

Para el doctor Cúneo, "es fundamental considerar que el tratamiento del exceso de peso es un proceso a largo plazo, por eso la dieta debe ser no sólo de bajas en calorías para lograr un balance calórico negativo que permita bajar de peso quemando grasa, sino también nutricionalmente adecuada: 50 a 60% de hidratos de carbono, 15 a 20% de proteínas y 25 a 30% de grasas".
Y si se trata de un proceso a largo plazo, hay que estar atentos a no dejarse llevar por dietas que proponen caídas abruptas del peso corporal. "El ritmo más adecuado para un descenso de peso es de medio a un kilo por semana -continúa este especialista-. Una disminución de peso superior sólo puede explicarse por la pérdida de masa magra o muscular, y no grasa."
Además, "el objetivo de estos tratamientos debe ser disminuir los factores de riesgo asociados con el exceso de peso (diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia, etc.), y según la mayoría de los estudios realizados al respecto eso se logra con sólo reducir en un 10% el peso corporal".
Si el descenso de peso descansa en dos pilares -educación alimentaria y actividad física- que exigen una buena cantidad de esfuerzo, ¿por qué no intentar que ese esfuerzo no se convierta en un sufrimiento?
"Es básico utilizar técnicas para lograr la adhesión de la paciente al plan alimentario ", afirma la doctora Banzas.
A la hora de modificar hábitos alimentarios, hay que buscar gratificaciones no ligadas a la comida: escuchar música, charlar con amigos, dibujar, pintar, hacer actividades placenteras Cualquier distracción que impida ligar el placer con la comida".

HAMBRE Y APETITO

Hay que establecer un cambio en la relación con los alimentos, como saborear la comida y disfrutarla, o diferenciar el hambre del apetito: "Hambre es necesidad física del alimento, apetito es el deseo psicológico del alimento".
Los controles en un tratamiento son fundamentales: "Si para aumentar su actividad física tiene que gastar más dinero en ir a un gimnasio, ponerse calzado y ropa especial, eso seguramente le va a durar un mes y no más -agrega la doctora Banzas-. En cambio, si se le propone que salga a pasear, que realice una actividad deportiva (o de cualquier otro tipo, como bailar) que le agrade, es más probable que la mantenga por más tiempo."
Por Sebastián A. Ríos De la Redacción de LA NACION

IDEAS EQUIVOCADAS

Creer que adelgazar es el resultado de tal o cual plan, y no de adoptar conductas, actitudes, emociones y respuestas distintas.
Pensar el tratamiento en términos muy rígidos, lo que lleva a sentir que cuando se comió de más está todo perdido.
Perseguir la idea de adelgazar.... para seguir comiendo. Tener la ansiedad de bajar de peso rápidamente.

LOS MITOS DE LA COMIDA

El alcohol fija las grasas. No las fija... ¡las suma! Un vaso de vino tiene 250 calorías, una copa de champagne 120 y un porrón de cerveza suma unas 150 calorías. Comer poco achica el estómago. El estómago es flexible, pero no cambia de dimensión; sólo se adapta a volúmenes diferentes de comida.
La banana tiene muchas calorías. Falso: una banana chica tiene 130 calorías, mientras que una manzana grande (una fruta muy utilizada en los regimenes para bajar de peso) tiene alrededor de 120.
La remolacha no se aconseja en las dietas. Por el contrario, y según afirma la nutricionista Silvia Espósito, "puede ser incluida ya que tiene un tipo de azúcar diferente al de otros vegetales. Y no engorda más que la zanahoria o la calabaza". Comer pomelo o limón en ayunas disuelve las grasas, o las quema. "No hay estudios científicos serios realizados al respecto", afirma la especialista.
El agua consumida antes o después de la comida produce variaciones en el peso."Lo que se sabe es que resulta beneficioso consumir líquidos antes de la comida, a fin de aumentar la saciedad", agrega.
.Fuente: http://www.lanacion.com.ar/419121-dietas-por-que-fallamos-a-la-hora-de-adelgazar