La obesidad de la pobreza

Se llevó a cabo en nuestra ciudad el X Congreso de Obesidad y Trastornos Alimentarios. Allí se trató de responder a preguntas tan importantes como: ¿qué es la obesidad?, ¿es lo mismo ser obeso que estar enfermo de obesidad?
Quizá resulte un poco exagerado, pero si no se toma conciencia rápidamente, el futuro de nuestra especie se puede parecer mucho a lo que se graficó perfectamente en la película Wall-e: un mundo poblado de obesos sin ninguna movilidad, que pasaban sus días conectados a una PC, tirados en una reposera que se desplazaba por ellos. Y si le prestamos atención a las estadísticas mundiales, el pronóstico no parece estar muy errado, ya que especialmente en los países occidentales, el incremento del problema del sobrepeso es un tema de honda preocupación.
De acuerdo con estudios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), esta enfermedad no sólo está relacionada con la abundancia y la sobrealimentación; paradójicamente, la obesidad está asociada también con la pobreza. La OPS alerta sobre varios aspectos que motivan este padecimiento entre los pobres: el principal es el consumo de la denominada comida basura, elaborada con grasas saturadas, sustancias químicas y componentes artificiales.
Los orígenes de la obesidad hay que buscarlos en dos causas: una se refiere al material genético que los humanos tenemos y que se ha construido hace millones de años. La otra es, en la actualidad, lo relativo al medio ambiente, en el cual ese material genético tiene que desenvolverse. Para los especialistas, este hecho es conocido como la interacción genético-ambiental. En las condiciones actuales de sedentarismo, la gente tiende a desarrollar una mayor masa corporal.
Rosa Labanca, médica nutricionista, es docente de la Universidad de Buenos Aires y presidenta del Congreso de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota) que se realizó en Mar del Plata; con ella nos comunicamos para hablar la alimentación de los argentinos.

Noticias & Protagonistas: Si en Argentina seguimos por el camino alimentario por el que vamos, ¿es posible que en unos pocos años vayamos a sufrir los problemas que hoy tiene la población de los Estados Unidos, por ejemplo?
Rosa Labanca: Y, no sé si al punto en el que ellos se encuentran, porque somos distintos físicamente, pero nosotros ya contamos con un 60% de la población que sufre de sobrepeso o de obesidad, y obviamente esto tiene que ver con factores ambientales muy vinculados a la mala alimentación y al sedentarismo; una alimentación para la que nuestros genes no están preparados. Desgraciadamente, ya estamos cerca de ellos. 

N&P: Argentina no estuvo presente en la Cumbre Mundial Antitabaco que se llevó a cabo en Uruguay, y no tenemos una buena ley nacional sobre el tema, tampoco. En cuestiones alimentarias nuestras leyes son parciales, y si bien existen grupos que trabajan es este tema y que aportan mucho en pos de una alimentación sana, aparentemente nos encontramos en una curva negativa. ¿Qué opina al respecto?
RL: Es verdad, nuestro país carece de muchas cosas, pero el problema de la obesidad es mundial y Argentina no escapa a esto. Hay que pensar que los médicos podemos hacer algo, pero no demasiado: hay que producir cambios desde la política, sobre todo con los niños, porque los adultos pueden hacer cambios pero la plasticidad cerebral de los adultos no es igual a la de los chicos. Vemos algunos niños de 7 u 8 años que tienen niveles de diabetes de adulto, cosa que no existía cuando yo estudiaba medicina. Eso es porque la alimentación cambió, por muchos factores, y la globalización de los alimentos también influye. Si no cambiamos los parámetros, si no salimos de comer harinas y carbo-grasas, seguiremos engordando.

N&P: Hace 10 años, aquí se propuso a los dirigentes de CTERA y SADOP trabajar sobre el tema de los kioscos saludables, pero nadie se interesó. Francia, Chile, el estado de California tienen legislaciones al respecto, y nosotros no. ¿Cómo influye la mala calidad alimentaria de los comedores escolares en la que se alimentan los chicos de bajos recursos?
RL: Terrible, son parte responsables de la obesidad de la pobreza. En el colegio comen todo en base a harinas, la venta de alfajores en el país es enorme; una bebida gaseosa y un alfajor a menudo es lo que ingieren como almuerzo, terrible. Las empleadas administrativas le suman a eso las galletitas, todo harina. Las bebidas azucaradas significan, en promedio, unas  450 a 500 calorías que ingresan sin darnos cuenta, sobre todo en los jóvenes. Los adultos ya no las consumen tanto, pero nadie toma agua. El cambio tiene que ser radical. En nuestra sociedad presentamos para el congreso un trabajo que se llamaba “¿De qué engordan los argentinos?”. 

N&P:
 ¿Se nota cierta indiferencia con respecto a los problemas que traen aparejados las comidas rápidas y envasadas?
RL: Sí, este tipo de alimentos se consume sin pensar. Pero hemos visto que la gente en Argentina no engorda tanto con las famosas hamburguesas con fritas, sino con facturas, galletitas, empanadas, la pizza del fin de semana. Son las harinas con las grasas, allí es que hay que cortar. Una alimentación más natural, como hace años atrás, en base a alguna carne magra no muy cara, o pollo y pescado con verduras de hoja, frutas y lácteos, es lo aconsejable. Si comés eso todos los días, difícilmente engordes. Algún día uno puede darse un gusto pero la base debería ser esa, que además es saludable, porque la obesidad es la puerta de entrada a enfermedades mortales.

N&P: Hace falta un cambio y una decisión firme de actuar sobre toda la población, fundamentalmente sobre los jóvenes. Pero lo más preocupante es la calidad alimentaria que se provee desde el Estado, que crea obesos pobres. 
RL: No sé si quienes trabajan en ese tema realmente quieren hacer algo bueno, aunque creo que priorizan el aspecto económico: darles de comer barato. Desgraciadamente yo lo siento así, porque si no, no se entiende lo que uno ve. También es cierto que los chicos a veces dejan la comida sin tocar si la alimentación es más saludable, por eso hay que acompañar la alimentación con un proceso de educación nutricional. Hay que buscar técnicas de juego que tengan que ver con los alimentos, no sólo llevar el plato a la mesa. Si uno impone el kiosco saludable sin un trabajo previo, difícilmente vayan a buscar lo que les hace bien si tienen al lado una golosina. 

N&P: Y ese proceso de educación nutricional ¿es muy complejo?
RL: No es complejo, es cuestión de saber trabajar modificando la mente de los niños, porque a esa edad son una esponja. Si uno insiste y trabaja con técnicas que los entretiene, no hay problema. El Estado provee comida barata, pero si le das una carne que se ingiere con facilidad, la podrán comer, si les das un pedazo duro, no. Si buscás la manera de hacerle una milanesa adornada con algo, pero que no esté frita, se mejora la calidad seguro, pero el trabajo de cambio de la conducta mental es imperioso, y con gente que lo sepa hacer. 
No es tan simple…

Los expertos sostienen que la obesidad es una enfermedad crónica que genera otros problemas de salud: en el aparato cardiovascular, el aparato locomotor y provoca diabetes. Otro cuadro que origina radica en que las personas que padecen este mal sufren dificultades de inserción social, e incluso laborales.
Pero cuando hablamos de salud, no basta con alcanzar el galardón de peso normal, que determina el índice de masa corporal -peso dividido por el cuadrado de la altura-. Hay personas pesadas y sin embargo, con mejor salud metabólica que algunos individuos delgados: niveles adecuados de colesterol y triglicéridos en sangre, buena sensibilidad a la insulina, sin hipertensión ni intolerancia a la glucosa, todo lo cual reduce el riesgo de varias enfermedades.
Es más: un estudio publicado en la revista Circulation descubrió que entre mujeres con igual estado metabólico, una mayor adiposidad puede reducir, y no aumentar, la prevalencia de enfermedad coronaria. Si bien el índice de masa corporal es una primera señal de alerta, igual que la relación entre la cintura y la cadera, que en las mujeres no debería ser superior a 72 cms, para evaluar la salud de los pacientes hay que ir más allá de estos números e investigar, por ejemplo, cómo es su alimentación y cuál es la proporción y distribución de músculo y tejido adiposo de su organismo.
A medida que la ciencia logra nuevos conocimientos sobre el caleidoscopio fisiológico del organismo humano, el panorama de la obesidad se va haciendo cada vez más complejo.
Algunos consejos avalados por profesionales del área para prevenir la obesidad son:
• Tomar mínimo ocho vasos de agua al día.
• Comer muchas frutas y vegetales.
• No sobrealimentarse, consumir lo que el organismo realmente necesita, no más.
• Comer suficiente fibra, que se encuentra especialmente en los cereales.
• Consumir calcio. Algunos estudios  demuestran que las mujeres que no consumen suficiente calcio, además del peligro de osteoporosis, confrontan el riesgo de acumulación de grasa.
• No saltar comidas ni comer entre ellas.
• Crear el hábito de hacer algún tipo de ejercicio regularmente.
• Enseñar con el ejemplo a los niños para que adquieran buenos hábitos de alimentación.